Perspectiva económica

¿Crisis en Alemania?

Los escándalos financieros, la llegada de miles de refugiados y el freno de las exportaciones han puesto en jaque a la mejor economía de la Eurozona.


Aun en plena crisis, la nación que dirige Angela Merkel demostró una gran solidez, amparada en sus sectores diversificados. Este año su escasa inflación (0.3%), la baja tasa de desempleo (4.5%) y el creciente rendimiento (1.6%) de su Producto Interno Bruto (PIB) bastaron para mantener al país teutón como buque insignia de la Eurozona.

Sin embargo, la cuarta economía más poderosa del mundo no había presagiado que ciertos efectos de coyuntura podrían afectar sus cifras. Las estafas vinculadas a la Volkswagen (VW) y el Deutsche Bank, la caída en las exportaciones y la oleada de refugiados sirios parecen cerrar un próspero capítulo en la economía alemana.

El Primer Golpe

El escudo de la VW es símbolo de calidad germana. No obstante, en septiembre pasado una investigación reveló que la compañía europea había instalado ilegalmente un software que alteraba los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes. La negligencia afectó a once millones de automóviles con motor diésel vendidos entre 2009 y 2015.

Poco después, la VW admitió que 98,000 vehículos con motores de gasolina, de un lote de 800,000 ensamblados en su planta, presentaban emisiones irregulares de dióxido de carbono (CO2). El escándalo remeció al grupo multinacional cuyas filiales incluyen las marcas Audi, Bentley, Bugatti, Lamborghini, Porsche, SEAT, Škoda y Scania, entre otras. El impacto del destape se sintió al instante. Según la Asociación Alemana de la Industria Automovilística (VDA, por sus siglas en alemán), la compañía creadora del famoso modelo escarabajo genera 384,000 millones de euros cada año y representa un 20% de toda la industria del país germano.

Caída Accionaria

El gobierno no tardó en intervenir. Alexander Dobrindt, titular del Ministerio Federal de Transporte, Construcción y Desarrollo Urbano, instó a que la VW inspeccione todos sus modelos, bajo una supervisión estatal obligatoria, para determinar el impacto de las mayores emisiones de CO2. La empresa fabricante aceptó.

Dobrindt indicó que si estos autos contaminan más del límite (en los países de la Unión, de 120 gramos de CO2 por kilómetro recorrido), el impuesto de circulación subiría. El costo retroactivo sería asumido por la empresa. En España, por citar un caso, la VW deberá reembolsar hasta 50 millones de euros a los propietarios de estos autos.

En pocos días, las acciones de la automotriz perdieron un tercio de su valor. Irónicamente, este desplome hizo que el Deutsche Bank, el principal banco de Alemania, perdiera varios millones de euros en operaciones y créditos relacionados a la VW. Semanas después, esta entidad bancaria despertaría suspicacias en las finanzas teutonas.

Debilidad en Banca

Y es que el Deutsche Bank entró en una fase de reestructuración integral no vista desde la posguerra. El anuncio obedecía a una multa de 12,000 millones de euros impuesta a esta institución por manejos fraudulentos, lo que llevó al británico John Cryan, presidente desde el 1 de julio pasado, a tomar decisiones inmediatas.

Tras asumir las pérdidas del tercer trimestre de 2015 (6,024 millones de euros), el banquero aprobó la reducción de 35,000 plazas de su planilla en los futuros dos años. Suspendió los dividendos de 2015 y 2016, y clausuró sucursales en México, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Malta y Nueva Zelanda.

Pero, ¿qué motivó esto? Una serie de malos manejos, que van desde la manipulación de índices hipotecarios y los fraudes en certificados de carbono hasta lavado de dinero en Rusia. “Los resultados de los próximos dos años se verán negativamente afectados por la reestructuración del grupo, y 2018 será un año decisivo”, proyectó Cryan.

El Freno Exportador

En medio de estos escándalos, el gobierno de Merkel tuvo que afrontar un difícil escenario: la caída de las exportaciones. En setiembre Alemania vendió 105,900 millones de euros en bienes y servicios. La sorpresiva ralentización de China –su tercer mayor socio comercial– y de otras economías afectaron seriamente las ventas de maquinarias germanas.

Sin embargo, ese no fue el dato productivo más débil del año. Por tercer mes consecutivo los pedidos industriales (automóviles, maquinarias, equipos eléctricos y productos químicos) cayeron un 2.4% en setiembre, frente al 1% previsto. Ese mismo mes, Alemania importó 83,000 millones de euros en bienes y servicios, un 3.6% más que en agosto de 2015.

A pesar de ello, la primera economía europea ha logrado un superávit de 22,900 millones de euros en dicho mes, cuando en el mismo periodo del año pasado había sumado 21,600 millones de euros. Si se añaden los impactos estacionales y de calendario, la nación teutona ha acumulado un balance positivo de 19,400 millones de euros.

Buque a la Deriva

Las cifras de la Oficina Federal de Estadísticas (Destatis) esbozan un buen panorama para los próximos años. Desde el Ministerio Federal de Finanzas, Wolfgang Schäuble indicó que los presupuestos de 2016 también mantendrán el “déficit cero”. Este equilibrio fiscal solo será posible gracias al superávit logrado en el presente ejercicio.

Con las estimaciones tributarias de Schäuble (de 671,700 millones de euros en 2015 a 686,200 millones de euros en 2016), mayores incentivos de inversión y aumentos salariales para la demanda interna, se espera que el PIB alemán crezca hasta 1.8% el próximo año. Sin embargo, esto parece insuficiente para crear confianza fuera de las fronteras.

En su reciente Informe de Perspectivas para la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sitúa el crecimiento alemán por debajo: 1.6% en 2016. El océano de aguas congeladas que atraviesa Alemania –la única esperanza económica de Europa– luce muy denso.






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