Refugio silvestre

Los Encantos del Manu

Las maravillas que esconden las selvas de uno de los parques nacionales más importantes y extensos del Perú, hogar de coloridas aves, enormes insectos y majestuosas especies animales.


Según los guardaparques, a estas aves, de colores vistosos y cresta en el pico, no les ocurre nada malo. En realidad bailan y cacarean para atraer a las hembras que, por su plumaje marrón oscuro, son difíciles de distinguir en la espesura de la selva. Para estos animales, el lek no es más que un lugar de paso al que acuden para aparearse.

El gallito de las rocas es uno de los animales más raros del mundo. No migra a otras regiones y solo pueden encontrarse en ciertos bosques de Perú. Los lek, por ejemplo, se encuentran de camino al Parque Nacional del Manu.

Al igual que el gallito de las rocas, en esta enorme área protegida de más de medio millón de hectáreas, que bien podría competir en tamaño con algunos países europeos, conviven 8,000 especies de plantas, más de 400 de aves y diez de mamíferos; algunas, incluso, en peligro de extinción. Por ello, las actividades extractivas están prohibidas en esta zona; excepto la caza, tala y recolección de frutos por parte de las comunidades indígenas que la habitan. Ahí solo pueden llevar turistas aquellas agencias que cuenten con un permiso especial.

Primeros atractivos

Los grandes tours hacia el Manu comienzan en la ciudad de Cusco, en los Andes, y no en la selva. Hay que pasar por un largo camino en el que se pueden apreciar paisajes montañosos y chullpas —torres de piedra de la cultura inca—, además de animales propios de la región. Luego, en los grandes bosques, los turistas deben navegar por el río Madre de Dios y pasar por varias comunidades hasta llegar a la entrada de aquel mágico santuario natural.

Desde los peque peques —nombre de las balsas nativas— se puede apreciar a caimanes sumergiéndose en las orillas, a nutrias gigantes —conocidos por los locales como “lobos de río”— jugueteando en el agua y sacando la cabeza de vez en cuando, a ronsocos —el roedor más grande del mundo— dándose un chapuzón y a un sinnúmero de aves exóticas: tucanes, cigüeñas, shanshos y águilas harpías, entre otras.

Una de las primeras paradas dentro del parque nacional son las collpas, gigantes superficies de arcilla y abundantes en minerales, que los guacamayos picotean para eliminar las toxinas de su cuerpo y mejorar su digestión. Por su colorido plumaje, estas aves son fáciles de observar y se pueden encontrar en casi cualquier rincón del parque.

Especies exóticas

En el Manu, al igual que en las otras selvas del mundo, los insectos son dos veces más grandes que los que vemos en las ciudades. Las mariposas son enormes y coloridas; las hormigas, también. Estos animales suelen proteger un árbol llamado “tangarana” o “palosanto”, y no dudarán en picar a los que los lo toquen, inyectándoles un ácido que irrita la piel. También pueden observarse saltamontes y libélulas de gran tamaño, y hasta ranas venenosas de atractivos colores.

Muchos turistas se internan en estos bosques para conocer al jaguar amazónico u otorongo, un felino capaz de meterse al río para cazar a un caimán. Ellos pueden pasarse horas en un solo sitio, esperando que este animal salga de su escondite y se deje ver. La paciencia debe ser la principal cualidad de todo aquel que pise el Manu, sobre todo si desea toparse con las especies más majestuosas de la región.

Dentro del parque suele escucharse una especie de rugido extraño y ronco, que no proviene de los otorongos o algún otro enorme felino sino de simios de mediano tamaño, conocidos como monos aulladores.

También habitan unos mamíferos de gran tamaño, nariz larga y de ojos y orejas pequeñas, conocidas con el nombre de tapires.

Recorrido final

Fuera del parque, hay comunidades indígenas y campesinas. Sus pobladores se desempeñan como guías para los turistas o investigadores científicos que visitan el parque para estudiar su flora y fauna.

Algunos elaboran artesanías con productos de la región, como lo hacían sus antepasados; desde ceramios de gran tamaño hasta bolsos, carteras y pulseras.

Los nativos suelen vestir a los turistas para celebrar sus ritos y bailar junto a ellos; cuentan sus leyendas y siempre están dispuestos a compartir sus tradiciones con los extranjeros. Después de haber estado dentro de la selva, hay quienes deciden cerrar el viaje en el mirador natural Tres Cruces —o Balcón del Oriente—, ubicado en uno de los límites del Manu, para apreciar el colorido atardecer en la selva.

Albergues turísticos

Debido a la gran demanda de turistas nacionales e internacionales que visitan el parque, se han construido albergues, refugios u hospedajes con todas las comodidades necesarias: piscinas y camas con mosquiteros de tela para evitar que los insectos incomoden la estadía.

Así, los viajeros pueden descansar luego de la larga travesía y escuchar los tranquilizantes sonidos de la selva: los cantos y rugidos de aves y animales, la caída de los riachuelos y el suave crujido de las plantas que chocan entre sí. Como para quedarse y no regresar a la ciudad.






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